Prólogo


“Cuando llegué a Barcelona, uno de los primeros pisos en los que viví fue el de Amanda y María Elisa en la calle de Escorial. Al entrar, me di cuenta que estaba en un lugar distinto, que opera bajo otra lógica. Es una heterotopía vitrina. Una especie de espacio que es a la vez refugio y receptáculo del mundo, una burbuja con superficie porosa donde todo entra y todo sale. El mundo atraviesa el piso y a la vez es reflejado. No se trata de una imagen virtual del mundo, sino el hogar de ambas artistas. Lo privado se vuelve público.

En el piso, el arte es estructurante. El arte no construído desde el falo, sino desde la fuerza creativa. El arte como una economía libidinal femenina, un flujo de abundancia basado en la creación y no en la acumulación de capital. En el piso, esta poética está extrapolada a la vida en todas sus esferas. La creación aquí es ritualística, una serie de acciones repetidas, pero no replicadas, que renuevan y reafirman ideales. Las decisiones que toman Amandina y María Elisa son incómodas, desautomatizan la cotidianidad en la que nos encontramos sumergidos. Hacen visibles los problemas que enfrentamos, el colapso ecológico, el capitalismo rampante, el exceso de modernidad y dejan ver que otra forma de habitar es posible.

Como brujas del siglo XXI, manifiestan el cambio desde adentro, como un manantial que desde dentro emana su participación al mundo. Esta vida manifestada por ambas es un acto político, una alternativa al nihilismo de nuestros días que implica aceptar la situación y participar activamente del cambio.

Exponer en casa es salir del Arte con A mayúscula y es volver al origen, a la unidad mínima de socialización y a la política inmediata. No a la máscara del mundo exterior, sino a la complejidad que arroja una luz íntima.

El piso en Escorial es el nido desde donde empollan su poética. María Elisa empieza la universidad mientras Amandina la abandona; ambas inician su carrera en el arte plástico y, desde lugares distintos, ambos recorridos confluyen.

Amandina articula su visión del mundo a través de consignas de los afectos. Directrices que parten de una experiencia personal, del cuerpo, de una posición política para navegar un mundo incierto y desconcertante. Pequeñas postales o micro historietas que se sienten como un té en un día lluvioso o un apapacho en un día de mierda.

María Elisa hace una vuelta a la figuración. Sus pinturas y esculturas exploran las complejidades del yo bajo directrices de la identidad, la migración y la enunciación colectiva. Una identidad de fronteras, donde Latinoamérica toca Europa, donde la pintura toca la literatura, donde el mundo social incide en la piel. Incorpora la revolución contra una estética estéril y alejada del mundo, contra el cubo blanco de galería, para dar espacio a una opulencia de colores, a la abundancia de un espacio que absorbe su contexto.

Hemisferio es una invitación a explorar ambas visiones mediante una exposición doméstica y virtual, un experimento donde la casa es galería y obra; lugar y objeto de creación. Una invitación a entrar en su mundo interior, una ventana hacia adentro donde la domesticidad se convierte en acto creativo y cada rutina se vuelve un ritual.

– Pedro Salamanca, julio 2020